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lunes, 5 de mayo de 2014

Inmunología



INMUNOLOGÍA


CONCEPTO DE INFECCIÓN

         Los pluricelulares hemos desarrollado un medio interno estable y rico en nutrientes, muy apetecible como alojamiento para los microorganismos patógenos: virus, bacterias, hongos, protozoos y algunos invertebrados son parásitos.
         Los organismos hemos desarrollado  una serie de barreras defensivas que si son franqueadas por los parásitos alcanzan nuestro medio interno, produciéndose la infección por contacto directo con piel o las mucosas, por inhalación, por ingestión, por picaduras, a través de heridas o infecciones…
Unas veces la infección está localizada en una herida, pero la mayoría de los patógenos deben alcanzar la sangre o la linfa, y a través de ella alcanzar a los tejidos u órganos diana, donde los patógenos “reconocen” a las células susceptibles por unos receptores específicos, uniéndose a ellos y penetrando en las células muchas veces por endocitosis (Herpes labial, sida…).
         Alcanzadas las células diana, los parásitos destruyen a las células y/o producen factores de virulencia (enzimas extracelulares que favorecen el desarrollo del patógeno) y/o toxinas (productos tóxicos para las célula producidas en el metabolismo del patógeno); unas liberadas por el parásito-exotoxinas- y otros son componentes del patógeno que se liberan al ser lisados –endotoxinas-, que suelen tener un efectos más dañino sobre el hospedador.
Se dice que una enfermedad es infecciosa cuando puede provocar una infección que se transmita de un hospedador a otro.

DEFENSAS DEL ORGANISMO

1)      Mecanismos defensivos externos.- Antes de provocar la infección los microorganismos patógenos deben franquear una primera barrera defensiva externa constituida por la piel que cuando está intacta, es impermeable (por la acumulación de una proteína impermeable, queratina, queratinización de sus células) e infranqueable ( el desprendimiento continuo de las células muertas de la piel, descamación, dificulta la penetración de los patógenos) además de presentar secreciones de sus glándulas sebáceas y sudoríparas que generan un PH  , ácido, bacteriostático (impide la multiplicación de muchos patógenos).
Las mucosas, piel modificada que recubre las oberturas y cavidades naturales (boca, nariz, tracto respiratorio y digestivo…) es delgada y húmeda por lo que resulta más accesible, pero cuenta con la secreción de un mucus que impide el avance de los microorganismos (se pegan) y este es continuamente expulsado hacia afuera por los cilios de los que disponen algunas de sus células que baten continuamente hacia el exterior. Además del componente pegajoso el mucus contiene una enzima,  la lisozima que hidroliza de la pared bacteriana (también presente en saliva y lágrimas)
En el tubo digestivo, camino que conduce a nuestro interior, el PH muy ácido clorhídrico producido en el estómago junto a la acción enzimática de la saliva y los jugos gástricos,  intestinal y pancreático destruyen a muchos microorganismos que si alcanzan el intestino grueso deben enfrentarse a nuestra “flora”/fauna intestinal” (bacterias simbióticas) producen antibióticos que contribuyen a la defensa contra los patógenos.
Superadas estas barreras pasivas entran en funcionamiento defensas internas inespecíficas y específicas, según actúen indiscriminada o selectivamente. Ambos tipos de defensas internas se coordinan y complementan.

2)    Mecanismos defensivos inespecíficos INTERNOS

     2.1) Fagocitos.- Superadas las barreras externas existe una barrera local de células fagocitarias (pertenecen al grupo de los glóbulos blancos, capaces de emitir pseudópodos (prolongaciones de su citoplasma que les permiten desplazarse) y de realizar la digestión intracelular de los microorganismos por fagocitosis y por ello se les conoce como fagocitos. Se originan en la médula roja de los huesos y se desplazan hacia todos los tejidos esperando a la infección.
Hay dos tipos de fagocitos: Los granulocíticos (gránulos en el citoplasma) y los polimorfonucleares (núcleo lobulado) y cuyos gránulos están constituidos por enzimas y sustancias antimicrobianas. Según se tiñan con uno u otro tipo de colorante se les clasifica como eosinófilos, basófilos o neutrófilos con funciones diferentes. Y monocitos, ni granulados ni polimorfonucleares que cuando salen de los capilares aumentan de tamaño e incrementan su capacidad fagocítica,  transformándose en macrófagos que pueden desplazarse o permanecer fijos en cada tejido (en cuyo caso se denominan histiocitos). Abundan en los alvéolos pulmonares, el bazo, el hígado y la piel, paso obligado para las infecciones.
Los fagocitos deben ser activados por mediadores (células lesionadas) de la inflamación y por sustancias producidas por los linfocitos (glóbulos blancos productores de anticuerpos) Cuando se  activan, aparecen en su membrana, unas glicoproteínas que favorecen su adherencia a cualquier sustancia extraña.
Los primeros en actuar son los histiocitos, fijos en todos los tejidos, luego actúan los neutrófilos, con poca capacidad fagocítica y que llegan a los lugares de infección, procedentes de los capilares como los macrófagos que van a continuación (su la capacidad de fagocitar es cuatro veces mayora la de los neutrófilos),
Como resultado de la digestión intracelular de los microorganismos, los propios fagotitos mueren por millones, constituyendo la pus que supuran las heridas infectadas.
Los eosinóficos (acidóficos) liberan sustancias que favorecen la desgranulación de los parásitos que, por su gran tamaño, resultan difíciles de fagocitar. Los basófilos liberan histaminas que favorecen la inflamación y, en fin, los macrófagos, tras la digestión intracelular de los patógenos, “muestran” las sustancias extrañas fagocitadas a los linfocitos, favoreciendo su reconocimiento y la respuesta inmune subsiguiente (síntesis de anticuerpos específicos)

2.2.) La respuesta inflamatoria.- Se produce ante la presencia de  microorganismos, sustancias extrañas o traumatismo. Las células lesionadas, liberan mediadores de la inflamación que favorecen la llegada de los leucocitos desde la médula ósea por quimiotaxis; aumentan la permeabilidad capilar, producen vasodilatación (aumenta la permeabilidad capilar, permitiendo la salida de proteínas del plasma sanguíneo y la salida masiva de agua e iones al plasma intercelular), es la inflamación (hinchazón y enrojecimiento) lo que favorece la reparación celular y la formación de anticuerpos y provoca la sensación dolorosa. También actúan como mediadores de la inflamación las toxinas producidas por los parásitos y ciertas proteínas del plasma sanguíneo, complemento.
 Los macrófagos liberan sustancias piretógenas (interleucina 1) que estimulan al hipotálamo (regulador de la temperatura corporal) que eleva la temperatura (fiebre), lo que facilita el funcionamiento del sistema inmunitario y dificulta el desarrollo de los patógenos. Entre 38 y 40º C se favorece la fagocitosis y la producción de anticuerpos y disminuye la concentración de hierro en la sangre, lo que dificulta el desarrollo de los microorganismos.

2.3)    El complemento: Lo constituyen unas 30 proteínas del plasma sanguíneo que complementan y potencian la respuesta inmune. Actúan como mediadores de la inflamación, favorecen la aglomeración de las sustancias extrañas y provocan la rotura de la pared celular, en ambos casos, favorecen la fagocitosis.
El complemento se activa con la respuesta inmunitaria y en fases tempranas de la infección, ante la presencia de los polisacáridos de la pared celular bacteriana.
2.4)    El interferon: Las células infectadas por virus fabrican y liberan unas proteínas conocidas como interferón (interfiere la infección vírica) que impiden su propagación  impidiendo su replicación y la síntesis de las proteínas víricas en las células infectadas. Además, estimulan a los “linfocitos asesinos”, capaces de reconocer y eliminar a las células infectadas por los virus y a los cancerosas.
El interferón es específico de especie, no de los virus. Se utiliza como medicamento contra el herpes, la hepatitis crónica y algún tipo de leucemia.

3)    Mecanismos defensivos específicos INTERNOS

Superadas las anteriores barreras, los patógenos han llegado a los vasos sanguíneos y linfáticos y desde aquí pueden alcanzar todos los tejidos y órganos. Ahora actúan los linfocitos, tipo de leucocito, capaces de reconocer, de identificar cualquier sustancia extraña al organismo (antígenos) y elaborar una respuesta específica contra ellos.
Esto constituye, la esencia del sistema inmunitario perfectamente desarrollado en los vertebrados, especialmente entre aves y mamíferos. No está formado como los restantes sistemas del organismo por un conjunto de órganos unidos anatómicamente. Está constituido por órganos, células y sustancias formadas por algunas de ellas que poseen una evidente unidad funcional aunque no anatómica. Sus funciones son las de reconocer y destruir cualquier sustancia extraña al organismo (incluyendo los trasplantes y las anormales células cancerosas) Esto implica que también es capaz de reconocer lo propio, las señales de identificación celular -glicocáliz-
3.1) Antígenos - Son moléculas extrañas al organismo, reconocidas como tales por el sistema inmunitario y capaces de desencadenar una respuesta inmunitaria. Los antígenos son polisacáridos, glicolípidos y glicoproteínas de la superficie celular o toxinas de los patógenos. En general, son moléculas muy grandes (algunas son pequeñas como los haptenos que no son antígenos por si mismos pero pueden volverse antigénicos al combinarse con ciertas proteínas del plasma sanguíneo. Es el caso de las alergias a los antibióticos y a otros medicamentos.
De estas grandes moléculas, sólo ciertas partes presentan carácter antigénico (algunos Aa,  algunos monosacáridos de sus cadenas) son los determinantes antigénicos (se utilizan las similitudes y diferencias antigénicas de los microorganismos para conocer el parentesco evolutivo) que se une específicamente a unos receptores antigénicos de la membrana de ciertos linfocitos, lo que desencadena la respuesta inmunitaria.
3.2)  Linfocitos.- Son unos glóbulos blancos (a diferencia de los demás leucocitos no forman seudopodos, no fagocitan y son inmóviles) capaces de reconocer y de responder específicamente a los antígenos.
Existen tres tipos de linfocitos:
-         Linfocitos B; Son responsables de la fabricación de unas proteínas específicas, anticuerpos ante la presencia de sus antígenos específicos, es la inmunidad humoral (actúa por los líquidos del cuerpo, humores).
-         Linfocitos T; Son responsables de la inmunidad celular, no producen anticuerpos, matan a las células alteradas específicamente y algunos regulan la actuación de otros elementos del sistema inmunitario.
-         Linfocitos no B no T,  también destruyen a las células alteradas pero inespecíficamente.
3.3)         Órganos linfoides: Las células precursoras de los linfocitos se originan, igual que las restantes células sanguíneas, en la médula roja de los huesos y se convierten en linfocitos maduros en los órganos linfoides (los linfocitos B y T  en los ganglios linfáticos, el bazo, el apéndice, las amígdalas) donde se acumulan e interaccionan ante la presencia de los antígenos.

Mecanismo de acción de la inmunidad específica

 Engloba un conjunto de procesos muy complejos que necesitan de la intervención de varios tipos de células y sustancias. Tiene las siguientes fases:

·         Identificación del antígeno: El proceso se desencadena cuando un antígeno es identificado por los linfocitos gracias a unas proteínas en la  superficie de sus membranas (sus anticuerpos, en el caso de los linfocitos B y los llamados receptores de antígenos en el caso de los linfocitos T) por estereoespecificidad con el antígeno. Este reconocimiento puede ser realizado directamente por los propios linfocitos pero lo habitual es que se realice a través de células presentadoras de antígenos,son los fagocitos que ya han comenzado a digerir a los patógenos, tras lo cual el fagocito  “adorna” su membrana con fragmentos de los antígenos, emigrando a los órganos linfoides para presentarlos a los linfocitos que así los reconocen rápida y eficazmente.

·         Activación de los linfocitos: Sólo aquéllos linfocitos con los marcadores específico, complementario con un determinado antígeno se combinan con ellos, desencadenándose la respuesta inmunitarias que hace que solo estos de los millones existentes se multipliquen y comiencen a formar el anticuerpo específico en el caso de los linfocitos B o a destruir específicamente a las células portadoras del antígeno             caso de los linfocitos T. Otro tipo de linfocito T regula la intensidad de la respuesta.

  1. Inmunidad (respuesta) humoral:
 Así se conoce a la respuesta ante los antígenos mediante proteínas específicas, Anticuerpos que formados,difunden por todos los líquidos corporales (humores), plasma intracelular, sangre, linfa y secreciones, donde realizan su acción.
Los anticuerpos los fabrican los linfocitos B de los que existen 106 genéticamente diferentes (= antígenos) en cuanto a su capacidad para fabricar un determinado anticuerpo (estirpes, clones). Esta capacidad la adquieren en la médula roja donde aparecen desde unas células precursoras que al originarse fragmentan los genes que dirigirán la síntesis de los anticuerpos (cromosomas 2, 14 y 22 en los humanos) y su recombinación da lugar a millones de linfocitos B diferentes que si entran en contacto con su antígeno complementario comenzaran a fabricar su anticuerpo específico fruto de la reordenación  de los segmentos cromosómicos correspondientes a los anticuerpos
En la médula sólo hay unos pocos ejemplares B de todos los millones posibles, cada uno de ellos lleva sobre su membrana el anticuerpo que fabrica y que le sirve para reconocer a su antígeno correspondiente, momento en el que se activa proliferando (se multiplican, aumentan su número) formando un clon que fabrica el mismo tipo de anticuerpo que sirve para anular la toxicidad del antígeno, de la infección. Desde este momento  se van a conservar unas células de memoria, linfocitos B de memoria, de vida ilimitada que se encuentran en  mayor número que los restantes linfocitos B, aún no activados que aun no han encontrado a su  antígeno. Esto  permite que ante una reinfección la respuesta inmune sea mucho más rápida y eficiente que ante la primera infección, es la inmunidad adquirida que nos va haciendo inmune a las infecciones que ya hemos sufrido. Cuando somos pequeños nos infectamos con facilidad, hemos sufrido pocas infecciones, nuestro sistema inmunitario carece de esos linfocitos B de memoria, está madurando. De mayores ya somos inmunes a todas las infecciones que ya hemos superado.
1.1) Los anticuerpos: Son proteínas fabricadas por los linfocitos B ante la presencia de un antígeno determinado. Son pequeñas heteroproteínas globulares con una parte glucídica, se conocen como inmunoglobulinas.
Son específicas como todas las proteínas y están diseñadas para reaccionar con un antígeno específico anulando su toxicidad (especificidad de acción y sustrato como las enzimas)
Cada anticuerpo consta de cuatro cadenas peptídicas, dos más largas, cadenas pesadas o H (420-10Aa) y dos cortas, ligeras o L (210-230 Aa). Existen puentes disulfuro entre las cadenas H y L y entre las H que las mantienen unidas en forma de “Y” (en realidad, los plegamientos de estas cadenas producen una estructura 3ª, una forma compleja globular…).
Cada tipo de anticuerpo se caracteriza por tener la mayor parte de las cadenas H y L comunes, constantes, lo que varía de un anticuerpo a otro del mismo tipo son los extremos de las cadenas H y L que diferencia los distintos anticuerpos del mismo tipo, por estos extremos  se unen los anticuerpos débilmente a los determinantes antígenos de los antígenos, reaccionando con ellos, anulando su toxicidad.
         Los anticuerpos, una vez formados se encuentran en los líquidos del medio interno (plasma sanguíneo, intersticial y linfa) y en muchas secreciones (mucus, saliva, lágrimas, leche materna)
         El funcionamiento de los distintos tipos de anticuerpos es el típico de las proteínas, forma un complejo con el antígeno (=complejo enzima- sustrato/antígeno-anticuerpo) y, por efecto de esa unión, se produce una reacción (=catálisis enzimática/reacción inmunitaria) con consecuencias diferentes según se trate de uno u otro tipo de anticuerpo, de antígeno.
-         Reacciones de precipitación, cuando se trata de antígenos solubles (forman grandes agregados insolubles antígeno-anticuerpo lo que facilita su fagocitosis).
-         Reacciones de aglutinación, cuando se trata de antígenos de la superficie bacteriana o viral (forman agregados de antígenos, lo que facilita su fagocitosis,  su destrucción)
-         Reacciones de neutralización, para antígenos del tipo toxinas o bloqueando el anclaje de los virus por los que se fijan a la superficie de las células a las que invade (neutralización de la toxicidad de ciertos antígenos).
-         Opsonización, es un tipo de neutralización que favorece la fagocitosis de los antígenos más resistentes (atraviesan la placenta materna, por lo que protegen al feto de las infecciones para los que la madre es inmune)
1.2) La memoria inmunológica:    Tras un primer contacto con un anfígeno, cierta estirpe de linfocito B se activa originando un clon de células plasmáticas que fabrican gran cantidad de anticuerpos que destruyen el antígeno. Parte de éstas células plasmáticas permanecerán en el organismo después de la infección permitiendo que tras una reinfección se de una respuesta secundaria rápida y contundente, capaz de anular la toxicidad del antígeno, antes incluso de haber manifestado los síntomas.
         Ésta inmunidad adquirida puede durar un período variable de tiempo; en algunos casos (varicela, sarampión o rubéola) dura toda la vida  pero en otros casos como el de la gripe sólo un año).
         La vacunación es un tipo de inmunización activa mediante la inoculación del patógeno en forma no virulenta para inducir la formación de anticuerpos y de células de memoria en el individuo sin presentar la sintomatología de la infección.
 2) Inmunidad (respuesta) celular:
Además de la acción de los anticuerpos sobre los antígenos existe otro proceso defensivo conocido como inmunidad celular o inmunidad mediada por células pero sin fabricación de anticuerpos. Esta respuesta inmunitaria celular es muy eficaz para la destrucción de células extrañas al organismo (órganos trasplantados), células cancerosas y células infectadas por virus o microorganismos de crecimiento intracelular. La llevan a cabo los linfocitos T y los no-B no-T.
2.1) Linfocitos T: Se diferencian en el Timo (glándula endocrina, sobre el corazón, por eso T) y se dividen en dos grupos principales T4 y T8, según posean en su membrana celular las proteínas receptoras CD4 o CD8, semejantes a los anticuerpos receptores de los linfocitos B pero, a diferencia de ellos, no identifican antígenos libres y además deben reconocer simultáneamente el antígeno y un autoantígenos (glicoproteínas de la membrana, glicocáliz, señales de identificación celular) de la célula presentadora. Al igual que los anticuerpos receptores de los linfocitos B existen  106   de estirpes de linfocitos T CD4 y CD8, como posibles antígenos a combatir.
El proceso se desencadena de forma semejante a como ocurre con la respuesta humoral; Cuando un fagocito digiere por endocitosis un antígeno patógeno, tras su digestión intracelular sitúa alguno de sus antígenos en la superficie de su membrana que se combinan con un autoantígeno formando un complejo antigénico que convierte al fagocito en una célula presentadora de antígenos.
Los linfocitos T reconocen estos complejos antigénicos con sus proteínas receptoras, momento en el que se activan, comenzando los TH (cooperadores).

- T4
- TH (cooperadores) estimulan otros T y a los B
- TD, provocan la proliferación y activación de los macrófagos.
-T8
-         - TC (citotóxicos), destruyen las células infectadas o anormales, provocando la perforación de su membrana
- TS (supresores) evitan una respuesta inmunitaria excesiva.

Las funciones de los linfocitos T, tras su activación los linfocitos T producen una acción citotóxica (segregan unas enzimas, perforinas que provocan orificios en la membrana plasmática -similar a la acción de los complementos- o bien activan las endonucleasas de las células afectadas. En ambos casos, esto conduce a la muerte celular.
Y regulan la respuesta inmunitaria  La realizan las TH y TS impidiendo que la respuesta inmune sea insuficiente o excesiva También producen tolerancia inmunológica a los autoantígenos, evitando el ataque del sistema inmune a las células propias… su funcionamiento anómalo produce alergia y enfermedades autoinmunes
2.2.) Linfocitos no-B no-T: Representan menos del 3% del total de linfocitos y a diferencia de los demás su acción es inespecífica (no reconocen antígenos), no proliferan, no producen memoria inmunológica. Dos tipos,  células K y NK (asesinas) Las células K se unen inespecíficamente a cualquier célula con anticuerpos y segregan perforinas como los linfocitosTc para destruirlas.
         Las células NK o asesinas naturales actúan igual a las K para destruir las células con parásitos intracelulares (virus y otros), a las células cancerosas o las de órganos trasplantados. Su estímulo lo constituyen las células con autoantígenos anormales. También producen linfocinas que regulan a los linfocitos B y T.
3.) Tolerancia inmune: ¿Cómo distinguen las células del sistema inmunitario los autoantígenos propios de los antígenos extraños y no los ataca?, es decir diferencian lo propio de lo extraño.
Al maduran los linfocitos T en el Timo, son seleccionados por su capacidad de unirse a los autoantígenos y de entre estos, los capaces de unirse a los autoantígenos combinados con antígenos extraños (se eliminan los que se unen a los autoantígenos y a otros antígenos propios).
De forma semejante, en la médula roja de los huesos, se seleccionaran aquellos linfocitos B que no fabriquen anticuerpos antiautoantígenos. Esto produciría la tolerancia de nuestro sistema inmune ante nuestros antígenos pues de otra forma, atacarían al propio organismo.

Tipos de inmunidad

Se habla de inmunidad a un antígeno cuando el organismo lo anula sin que se presenten los síntomas patológicos. Se debe a que parte de los linfocitos B y T madurados tras un primer contacto permanecen en cierto número como células de memoria que ante la reinfección actúan rápida e intensamente. Si ésta inmunidad se produce de forma natural se habla de I. natural y si se adquiere médicamente es I. artificial.
         La I. natural puede ser congénita, de especie, de raza, y es heredable. Se habla de I. natural adquirida, la que adquieren los organismos tras superar un proceso infeccioso y su duración es variable (corta-gripe, larga-sarampion). I. natural pasiva es la que tienen los fetos y lactantes, que reciben los anticuerpos maternos a través de la placenta y leche materna.
         La I. artificial pasiva. es la que se induce médicamente por la introducción de los anticuerpos del suero sanguíneo de un animal que previamente ha sido infectado y se ha inmunizado en una persona afectada por una infección muy rápida y grave como la rabia, el tétanos o la difteria. Su efecto dura unos días, los que tarda en degradarse los anticuerpos sin manifestar los síntomas de la patología, quedando inmunizado artificialmente de forma pasiva.
I artificial activa se adquiere activamente por el sistema inmunitario de la persona a la que se le inocula una vacuna (preparados artificiales de patógenos muertos, atenuados o de sus toxinas, tratamientos con los no resultan patogénicos pero conservan su carácter antigénico, lo que da tiempo al sistema inmunitario a fabricar los anticuerpos sin manifestar los síntomas de la patología, quedando el individuo inmunizado artificialmente pero de forma activa. En caso de infección por ese patógeno, sus células de memoria permiten una defensa fulminante.
Las vacunas son preventivas y los sueros se utilizan cuando ya se teme una infección muy grave.          Gracias a la vacunación se han obtenido resultados espectaculares en la lucha contra las enfermedades infecciosas, llegando a erradicarse algunas como la viruela.


Alteraciones del sistema inmunitario

         En el funcionamiento del S.I. se pueden dar errores o alteraciones que provocan enfermedades en los organismos. Estas alteraciones son de dos tipos de “inmunodeficiencia” e “hipersensibilidad”, por un funcionamiento insuficiente o excesivo del Sistema Inmunitario.

1)        Inmunodeficiencias; La respuesta insuficiente del sistema inmunitario acarrea lesiones por los antígenos no eliminados. Serán personas con infecciones recurrentes cuya gravedad dependerá de su grado de deficiencia.
Las inmunodeficiencias congénitas son heredables, poco frecuentes, muy graves y aparecen en los primeros años de vida. Afectan a distintas partes del S.I., afectan a los neutrófilos, al complemento y las más graves las que afectan al funcionamiento de los linfocitos B o T o ambos.
Las inmunodeficiencias adquiridas son más frecuentes y aparecen por la exposición a ciertos factores como la leucemia, radiaciones o enfermedades graves que debilitan al S.I.
Una de las I. Adquiridas más graves des el SIDA-VIH (virus de inmunodeficiencia humana) que destruye los linfocitos T4H, lo que impide una defensa eficaz contra los microorganismos y las células cancerosas, por lo que éstos enfermos desarrollan graves infecciones y determinados tipos de cáncer (sarcoma de Kaposi, tuberulosis, neumonía…) Aun no se dispone de un tratamiento eficaz que elimine el virus, pero existen cócteles de fármacos que interfieren a la transcriptasa inversa del virus, a sus anclajes a los linfocitos T4 o con la enzima necesaria para formar su cápsida… han hecho del SIDA una enfermedad crónica y no mortal. Hasta ahora no se ha desarrollado una vacuna eficaz y la única forma de evitar su propagación es la prevención de la transmisión evitando las prácticas de riesgo con campañas informativas.
2)       Hipersensibilidad; Se da cuando la respuesta inmune es excesiva provocando lesiones al organismo como consecuencia de los anticuerpos o por los linfocitos T. Según el efecto, el proceso inmunitario causante y el tiempo que tarda en aparecer los efectos tras el contacto con el antígeno se distinguen cuatro tipos:

-         Hipersensibilidad tipo I (inmediata o anafiláctica), conocida como reacción alérgica o alergia. El antígeno en estos casos se llaman alérgenos, (sus efectos aparecen entre diez y veinte minutos tras el contacto con el alérgeno) como el veneno de la abeja, el polen, las esporas de moho, las heces de ácaros, el pelo de animales, ciertos medicamentos o alimentos (penicilina, mariscos, gluten…).
Primero se produce la sensibilización al alérgeno mediante la producción de anticuerpos que se fijan a ciertos leucocitos (basófilos que estimulan a los mastocitos que liberan los mediadores de la inflamación) Se desconoce la causa de la sensibilización para la que existiría una predisposición genética aunque también podría ser un funcionamiento deficiente de linfocitos TS.
Ante una nueva exposición el alérgeno éste se une a los anticuerpos anclados a los leucocitos provocando que segreguen mediadores de la inflamación (histaminas, prostanglandinas…) dando los síntomas del proceso alérgico que pueden ser locales: inflamación cutánea, hinchazón, enrojecimiento, picazón, aumento de secreción nasal o lacrimal… o unas reacciones generalizadas: contracción de bronquios y bronquiolos, que genera dificultan respiratoria, asma o vasodilatación generalizada que puede provocar un encharcamiento del pulmón o un descenso brusco de la presión sanguínea, es la anafilaxis o choque anafiláctico.
El tratamiento de las alergias es con antihistamínicos, broncodilatadores y elevación de la presión sanguínea, pero lo ideal es producir la desensibilización progresiva mediante la inoculación de dosis crecientes del alérgeno, lo que provoca la aparición de anticuerpos bloqueantes que se combinan con el alérgeno impidiendo su fijación a los leucocitos o bien la producción de linfocitos supresores TS que disminuyen la síntesis de los anticuerpos sensibilizantes.
-         Hipersensibilidad de tipo II (citotóxica), en este caso el sistema inmunitario forma  de anticuerpos contra los autoantígenos, lo que activa el complemento, causando la lisis de las células. Es un error en la tolerancia autoinmunitaria, se engloba entre las enfermedades autoinmunes.

-         Hipersensibilidad de tipo III (mediada por complejos inmunitarios) es muy semejante a la de tipo II, sólo que ahora los autoanticuerpos se fijan a antígenos, libres en la sangre, formando complejos antígeno-anticuerpo, que no pueden ser eliminados por los macrófagos lo que desencadena una activación excesiva del  complemento y respuesta inflamatoria, liberándose enzimas que digieren los tejidos pudiendo producir graves daños en los órganos afectados. Esta sensibilidad la provocan ciertas afecciones crónicas y se engloba entre las enfermedades autoinmunes. Era también de este tipo la “enfermedad del suero” (sensibilidad a los antígenos animales que se usaban para obtener el suero que acompañaban a los anticuerpos deseados).
-         Hipersensibilidad de tipo IV (retardada) Aparece hasta semanas después de la exposición al antígeno y a diferencia de los anteriores no se produce por efecto de los anticuerpo sino por activar exclusivamente a un clon de linfocitos TD, lo que provoca la proliferación y activación de los macrófagos y desencadenan un proceso inflamatorio. Esta hipersensibilidad es la que causa las dermatitis por contacto causadas por algunos cosméticos, ropa, bisutería, plantas…
Dado que los síntomas (picor, erupción…) son muy semejantes a la de tipo I – alergia –se las puede mal llamar “Alergia de contacto”, pero éste término sólo se puede aplicar a la de tipo I. Las lesiones que caracterizan la lepra y la tuberculosis tienen que ver con la llamada reacción granulomatosa que es un proceso muy grave de hipersensibilidad retardada.
La prueba de la tuberculina, que sirve para detectar si una persona sufre o es inmune a la tuberculosis (inyectar una pequeña cantidad de antígeno – Mycobacteriun tuberculosis – y si a los 2 o 3 días aparece una reacción de hipersensibilidad de tipo IV o padece o es inmune y en caso contrario no).

3)        Enfermedades Autoinmunes;  El sistema inmunitario es capaz de diferenciar las moléculas propias de las extrañas, ataca a los segundos, pero no a las primeras. Los linfocitos tienen tolerancia inmunológica ante los autoantígenos. Cuando maduran los linfocitos se destruyen aquellos que presentan autoinmunidad. En algunos casos estos clones autoinmunes no son destruidos durante su maduración y atacan a sus propias células, dando lugar a las enfermedades autoinmunes de desarrollo lento y progresivo. Algunas de estas enfermedades están causadas por una hipersensibilidadad de tipo II y III pero no se conoce la causa última de este fallo inmunitario, pero la pervivencia de estos clones autoreactivos lo sería por cambios en los autoantígenos que no son reconocidos como propios por el sistema inmunitario; presencia de antígenos extraños  semejantes a los autoantígenos propios por lo atacarían a sus propias células; o la aparición de células nuevas para los linfocitos.
Se supone que en estas enfermedades estarán implicados factores hereditarios, endocrinos (un exceso de ciertas hormonas pueden afectar a la médula ósea o al timo) y factores ambientales como la exposición a sustancias químicas, radiaciones o ciertos microorganismos.

IMPORTANCIA DEL SISTEMA INMUNITARIO EN EL TRANSPLANTE DE ÓRGANOS

            Son cada vez más frecuentes (riñón, corazón, hígado) y su mayor dificultad reside en el posible rechazo de los tejidos trasplantados cuyos antígenos son reconocidos como extraños por el Sistema Inmunitario y atacado por él. Por esto, primero hay que buscar donantes con autoantígenos (caben  diez mil combinaciones posibles de los seis pares de genes que codifican los autoantígenos) Solo resultan viables (histocompatibilidad) aquellos transplantes en los que los autoantígenos del donante y del receptor son iguales, familiares o muy semejantes.
            El rechazo es una hipersensibilidad de tipo II o IV. Para salvar esta dificultad se usan fármacos inmunosupresores. En la actualidad se investiga la posibilidad de utilizar anticuerpos contra los linfocitos responsables o una especie de “vacuna” desensibilización alérgica con antígenos del donante.

EL SISTEMA INMUNE EN EL CÁNCER

            Tiene un papel fundamental, cómo demunestra el hecho de que las personas con inmunodeficiencias (SIDA) sufren cáncer con mayor frecuencia.  Un cáncer se inicia cuando unas células se transforman (no se sabe bien cómo) y comienzan a dividirse rápidamente y sin control, tumor que puede tener un crecimiento limitado, benigno o ilimitado maligno, cuyas células terminan por invadir otros órganos y tejidos generando nuevos tumores, metástasis.
            Las células cancerosas poseen un metabolismo muy intenso (en división) y sus transformaciones las llevan a poseer autoantígenos diferentes a los de las células normales y por esto son atacadas por sistema inmunitario que así destruye los cánceres antes de que se desarrollen.
            No se conoce qué hace fallar el sistema defensivo del organismo pero lo cierto es que el cáncer es una de las principales causas de muerte que se combate quirúrgicamente con radioterapia, quimioterapia (fármacos que destruyen a las células que se dividen activamente, pero también a las de los bulbos piloso –caída de pelo-, del intestino –problemas digestivos-, a la médula ósea, anemia…)
            Se están desarrollando nuevas estrategias que utiliza al Sistema Inmunitario como es:
-          Inmunoterapia Antitumoral, como lo es el uso de Interferón (contra algunas leucemias), que activa a las células NK (asesinas) que lisan las células tumorales.
-          Activación extracorpórea de los linfocitos del paciente con linfocinas y reintroducción.
-          Vacuna contra antígenos tumorales
-          Ligar los fármacos leales con anticuerpos antígenos tumorales que así sólo afectarían a las células malignas…

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